Hace varios años atrás, en un intento de articular ideología, política y psicoanálisis, le pregunté a uno de mis primeros maestros, cómo sería una sociedad de personas analizadas.
Un informe sobre Derechos Humanos y Salud Mental en Argentina. Documenta violaciones a los derechos humanos perpetrados contra las aproximadamente 25.000 personas que están detenidas en las instituciones psiquiátricas argentinas. Más de un 80 por ciento de estas personas son encerradas durante más de un año, y muchas lo son de por vida. Dos tercios de las camas psiquiátricas pertenecen al sistema público.
El presente capítulo ha sido elaborado por Roxana Amendolaro, del Equipo de Salud Mental del CELS, y Mariano Laufer Cabrera, del Área de Litigio y Defensa Legal del CELS. Colaboraron en el Equipo de Salud Mental del CELS, Paula Litvachky, del Programa Justicia Democrática del CELS, Diego Morales, del Área Litigio y Defensa Legal del CELS, y Alison Hillman, de Mental Disability Rights International (MDRI).
Digámoslo de entrada: las “tribus urbanas”[i] no son lo mismo que el proletariado unido capaz de poner en riesgo al sistema capitalista. Las “tribus urbanas” no conforman una masa dispuesta a cambiar el mundo. Las “tribus urbanas” no le hacen mal a nadie y hasta alegran el paisaje con su pintoresquismo exterior pero… ¡qué miedo les tiene el pequeño burgués!  
Es justamente en La Castañeda donde comienza Nadie me verá llorar, la novela de Cristina Rivera Garza. Ella, Matilda, destinada a ser la protagonista, le pregunta a él, a Joaquín Buitrago que le está apuntando con una Eastman: “- ¿Cómo se llega a ser fotógrafo de locos?”. Los signos de interrogación quedan flotando a lo largo de 200 páginas y sólo encuentran el eco de otra pregunta, la de él: “-¿Y cómo se llega a ser loca?”.
El tema que desplegaré esta compuesto por tres unidades básicas: ACCIÓN, COMUNIDAD y SALUD MENTAL. En el escenario profesional de la psicología ellas se potencian mutuamente de manera que se favorecen en su gestionar. Parecería, a primera vista que hablamos de una obra (la salud mental), puesta en un teatro o escenario (la comunidad) y con personas que la hacen (la acción de los protagonistas). Dejo claro de partida, que no me se todos los papeles. El que si me se (bastante bien) es el mío.
El siguiente artículo consiste en una revisión bibliográfica y análisis de documentos y escritos sobre la formación del psicólogo en las universidades argentinas. Se basa principalmente en los informes de AUAPSI de 1998 y de AUAPSI-UVAPSI de 2007, y el análisis que Courel y Talak (2001) realizaron del primero.
En estas líneas pretendo cuestionar la idea de tiempo libre en nuestra sociedad; para ello intentaré relacionarla con el consumismo. Tiempo libre y consumo, se llevan bien ¿no?. Entiendo que ser consumidores es un modo de relación que hoy tenemos, tal vez el más importante, tal vez al cual le dediquemos más tiempo (aunque no nos demos cuenta); un modo de relación que no se reduce a comprar.
Haber descubierto a la infancia como segmento de público potencialmente consumidor se ha vuelto una fatalidad. La infancia como porción de población consumidora impone la necesidad de clasificarla, de psicopatologizarla, de criminalizarla, para tenerla cautiva y sometida a las leyes del Mercado.
Para la autora, la pregunta por la diferencia abre “un desafío político, filosófico, académico y, fundamentalmente, existencial”: asumirlo haría posible “no sólo resistir sino también inventar, desde potencias deseantes, formas cada vez más libres de amar, de trabajar, de estar, de pensar”.